El fenómeno de deportaciones de ecuatorianos desde Estados Unidos ha cobrado una nueva dimensión en 2024–2025. De acuerdo con testimonios recogidos entre migrantes retornados, más de 23 000 ecuatorianos han sido deportados desde ese país desde 2024 hasta la fecha, en un proceso que, según afectados, no solo implica repatriación forzosa, sino también presión emocional sobre las familias para aceptar la deportación.
Uno de los casos relatados es el de Daniel Espín, quien, tras haber iniciado un proceso de asilo y obtenido permiso de trabajo en Estados Unidos, fue detenido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) pese a contar con documentación legal. Espín asegura que en el centro de detención fue sometido a condiciones duras y que un agente lo amenazó con separar a sus hijos o enviarlos a un orfanato si no aceptaba el retorno. Relatos como el suyo se repiten entre otros repatriados que regresan a Ecuador con secuelas emocionales y familiares.
Las organizaciones de derechos humanos han alertado sobre el impacto en los niños y familias de estas deportaciones, especialmente cuando se combinan con amenazas, detenciones arbitrarias y condiciones de detención que consideran inhumanas.
Aunque cifras detalladas oficiales han variado según el año —por ejemplo, en 2023 se reportaron cerca de 18 449 deportaciones de ecuatorianos y en 2024 alrededor de 3 589 — el registro de deportaciones ha mostrado una tendencia significativa a lo largo de los últimos años.
En paralelo, datos oficiales de otros períodos indican que en 2025 se han registrado miles de deportaciones más, con decenas de vuelos semanales desde Estados Unidos a Ecuador a bordo de aeronaves militares y civiles que trasladan a ciudadanos sin estatus migratorio regular.
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