Expertos piden una estrategia energética a largo plazo ante los posibles apagones
Ecuador enfrenta nuevos desafíos para garantizar el abastecimiento de electricidad debido a la reducción de las reservas de agua en sus principales embalses hidroeléctricos. La situación de Mazar, una de las reservas estratégicas del sistema eléctrico nacional, vuelve a poner en debate la necesidad de planificar soluciones que permitan responder a los períodos de estiaje.
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En un reportaje publicado el 20 de octubre de 2026, Ecuavisa señaló que la cota de Mazar se encontraba cerca de los niveles considerados críticos para su operación. A las 17:00 de ese día, el embalse estaba a solo 32 centímetros de los 2.120 metros sobre el nivel del mar, nivel a partir del cual algunos especialistas consideran que deben adoptarse medidas urgentes.
La referencia mínima de operación se sitúa en los 2.115 metros. La preocupación se relaciona con la experiencia de septiembre de 2024, cuando el descenso de las reservas hídricas precedió a una etapa de racionamientos eléctricos que llegaron a durar hasta 12 horas diarias.
Especialistas cuestionan las medidas temporales
El experto energético Jorge Luis Hidalgo considera que el país no puede limitar su respuesta a evitar los apagones cada vez que disminuyen los caudales de agua.
A su criterio, la estrategia enfocada principalmente en impedir las interrupciones del servicio ha demostrado sus limitaciones y debe dar paso a una planificación nacional que contemple las necesidades energéticas a mediano y largo plazo.
Hidalgo plantea que Ecuador necesita una política de seguridad energética capaz de anticiparse a los períodos de escasez, diversificar las fuentes de generación y reducir la vulnerabilidad del sistema frente a las variaciones climáticas.
El especialista advierte que no existen soluciones inmediatas para resolver todos los problemas del sector, por lo que considera necesario abandonar las respuestas coyunturales y avanzar hacia una planificación sostenida.
Mazar, una reserva estratégica para el país
El embalse de Mazar forma parte del complejo hidroeléctrico Paute Integral y cumple una función importante en la regulación del agua utilizada para generar electricidad.
Su nivel es uno de los indicadores observados durante los períodos de menor precipitación, debido a que la reducción de las reservas puede limitar la capacidad de generación hidroeléctrica.
Aunque la cercanía a una cota crítica no significa por sí sola que se producirán apagones, sí reduce el margen de maniobra del sistema y obliga a las autoridades a evaluar las condiciones de generación, los caudales disponibles y la evolución de la demanda.
Por ello, los especialistas consideran fundamental mantener un seguimiento técnico permanente y adoptar decisiones oportunas para preservar las reservas hídricas.
El sector industrial ya enfrenta restricciones eléctricas
La preocupación por el abastecimiento no se limita a los hogares. Según el reportaje de Ecuavisa, en octubre de 2026 ya se aplicaban restricciones eléctricas a determinados sectores industriales, aunque no se habían establecido racionamientos para los usuarios residenciales.
Hidalgo advierte que la falta de electricidad puede afectar la actividad productiva, las fuentes de empleo y la continuidad de las operaciones empresariales.
A diferencia de otros contextos en los que un mayor consumo industrial se relaciona con el crecimiento económico, las limitaciones energéticas pueden obligar a las empresas ecuatorianas a reducir o detener sus actividades.
El escenario vuelve a evidenciar la relación entre la seguridad energética y la estabilidad de la economía nacional.
Ecuador necesita diversificar su matriz energética
La planificación a largo plazo implica analizar distintas fuentes de generación y reducir la dependencia de las condiciones hidrológicas. Entre las alternativas que suelen formar parte del debate energético están la generación térmica de respaldo y el desarrollo de fuentes renovables, junto con inversiones en infraestructura y mecanismos de gestión de la demanda.
También resulta necesario evaluar la capacidad de respuesta ante períodos prolongados de sequía, los requerimientos de mantenimiento de las centrales y las posibilidades de incorporar nueva generación al sistema.
La situación actual mantiene abierta una discusión sobre cómo garantizar un suministro eléctrico confiable y sostenible para hogares, comercios e industrias.
El comportamiento de las lluvias y la evolución de los embalses serán determinantes en las próximas semanas. Sin embargo, para los especialistas, el desafío de fondo consiste en establecer una estrategia de seguridad energética que permita a Ecuador prepararse para futuras crisis, en lugar de actuar únicamente cuando la escasez de agua vuelve a poner en riesgo el abastecimiento.
Fuente: Ecuavisa.



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