Ecuador necesita fortalecer la prevención sísmica ante el riesgo de terremotos
El terremoto de magnitud 7,4 registrado en Colombia el 10 de agosto y sentido en varias ciudades ecuatorianas volvió a poner sobre la mesa la necesidad de fortalecer la preparación frente a los sismos. Sin embargo, la preocupación suele disminuir una vez que pasa la emergencia.
Ecuador tiene una elevada exposición sísmica. El mayor movimiento registrado instrumentalmente en el país alcanzó una magnitud de 8,8 frente a las costas de Esmeraldas en 1906. El nivel de afectación de un terremoto no depende únicamente de su magnitud, sino también de factores como la distancia al epicentro, las características del suelo, la vulnerabilidad de las edificaciones y el nivel de preparación de la población.
El Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional señala que la ciencia no puede determinar con anticipación la fecha, el lugar y la magnitud de un terremoto. Incluso los sistemas de alerta temprana no predicen estos eventos: detectan un sismo una vez iniciado y, dependiendo de la distancia, pueden proporcionar apenas unos segundos para reaccionar.
Por esta razón, la prevención ocupa un papel fundamental. Ecuador cuenta con la Norma Ecuatoriana de la Construcción, que establece requisitos de diseño sismorresistente y contempla controles durante los procesos constructivos. Los municipios también deben incorporar estas disposiciones a sus normativas locales.
El desafío está en garantizar que estas normas se cumplan y atender especialmente a las edificaciones antiguas o construidas de manera informal, además de identificar los inmuebles públicos y zonas que presentan mayores niveles de vulnerabilidad.
El país también ha desarrollado ejercicios de preparación. En noviembre de 2025, Quito realizó un simulacro de evacuación por sismo con la participación de más de 90.000 personas y cerca de 100 instituciones y establecimientos educativos. En mayo de 2026, el Municipio de Quito y la Escuela Politécnica Nacional suscribieron además un acuerdo de cinco años para fortalecer el monitoreo y conocimiento del riesgo sísmico.
La preparación también debe mantenerse en los hogares. La Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos recomienda elaborar planes familiares, identificar zonas seguras, establecer rutas de evacuación y puntos de encuentro, asegurar objetos que puedan caer y preparar una mochila de emergencia.
La principal recomendación es que la prevención no se active únicamente después de un terremoto. La reducción del riesgo depende de decisiones tomadas con anticipación por municipios, instituciones, empresas y familias.



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