Los generadores que debían aportar 90 megavatios hoy son chatarra en Esmeraldas
Los 48 generadores adquiridos a la empresa Austral, que debían estar produciendo 90 megavatios de energía para el país hace un año, hoy solo generan contaminación ambiental en la provincia de Esmeraldas. Los equipos permanecen abandonados, literalmente tragados por la maleza, mientras el Estado ecuatoriano espera la resolución del arbitraje interpuesto por la empresa uruguaya.
El contrato, por el cual se pagaron $71 millones con recursos públicos, se ha convertido en un botadero de contenedores, líneas de circuito simples capaces de soportar hasta 69 000 voltios y desechos industriales que hoy no prestan ningún beneficio al sistema eléctrico nacional.
“Es una afrenta para el país el que se esté tratando de recibir un generador de esta manera, habiendo pagado ya y sin que hayamos recibido absolutamente ningún beneficio”, señaló Marco Acuña, del Colegio de Ingenieros Eléctricos de Pichincha.
El último informe técnico de CELEC ya advertía sobre el impacto ambiental que estos fierros abandonados podrían generar. Según el documento, los generadores filtran al suelo decenas de litros de aceite y combustible, utilizados durante pruebas iniciales, producto de fallas calificadas como catastróficas en los sistemas de lubricación de los equipos.
“La mitad de los contratos, como se han hecho, al parecer no dan el respaldo necesario para el debido cobro de las garantías”, agregó Acuña.
A esto se suma el avanzado deterioro de las chimeneas de evacuación de gases y las escotillas de ventilación, que ya muestran oxidación, confirmando que los motores no eran nuevos. Incluso, se conoció que al menos dos generadores fueron traídos desde África, con 2 500 y 2 800 horas de uso, respectivamente.
El panorama se agrava con la presencia de planchas metálicas de encofrado destinadas a obras civiles que nunca se terminaron. El área debía contar con pavimento completo, pero apenas se construyeron algunas vigas de soporte.
No existe sistema contra incendios, sala de control ni monitoreo técnico. Lo único visible es una garita, que hoy se erige como símbolo del deficiente criterio técnico y administrativo con el que se ejecutó uno de los contratos más cuestionados del sector eléctrico en el último año.



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