Brasil, un país enamorado de todo lo superlativo, recibió a Madonna a lo grande el sábado por la noche. Nunca antes la reina del pop había actuado ante una multitud tan colosal —1,6 millones de personas, según las autoridades locales— como la que reunió para un concierto gratuito en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, convertida en una monumental pista de baile.
La artista se echaba por primera vez a la carretera sin nuevo disco para celebrar sus cuatro décadas de carrera con sus fans, muchos de los cuales ni habían nacido cuando en los ochenta despegó una trayectoria irrepetible.
Durante dos horas y diez minutos, Madonna Louise Veronica Ciccone (Bay City, 65 años) ha ofrecido un destilado de su trayectoria, incluidas escenas, coreografías y modelitos que han quedado para la historia del pop. Los momentos más aplaudidos, los que la Madonna ha compartido junto a estrellas locales.
Para bailar la famosa coreografía de Vogue, estaba acompañada de una de sus hijas pequeñas, Estere, de 11 años, y la gran diva brasileña, Anitta. Para esta ocasión, el escenario tenía 800 metros cuadrados, el doble que en el resto de la gira.
Gracias a una quincena de torres de sonido y pantallas verticales (que mostraron el show como se vería en un móvil) la multitud pudo seguir el concierto a lo largo de buena parte de esta playa de cuatro kilómetros. De todos modos, buena parte del público se ha quejado de la calidad del sonido en un show que comenzó con 50 minutos de retraso.






