El reciente brote de hantavirus registrado en un crucero internacional volvió a despertar preocupación mundial y comparaciones con la pandemia del COVID-19; sin embargo, expertos y autoridades sanitarias insisten en que ambos virus tienen comportamientos muy distintos.
El hantavirus es una enfermedad zoonótica transmitida principalmente por roedores mediante contacto con orina, heces o saliva contaminada. En cambio, el COVID-19, causado por el SARS-CoV-2, se propagó masivamente entre humanos mediante gotas respiratorias y aerosoles.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la capacidad de contagio entre personas del hantavirus es muy limitada y solo ciertas variantes, como la cepa Andes presente en Sudamérica, pueden transmitirse bajo contacto estrecho y prolongado. Por ello, los especialistas consideran poco probable que genere una pandemia similar a la del coronavirus.
Entre los síntomas iniciales de ambas enfermedades existen similitudes como fiebre, cansancio y dolores musculares; sin embargo, el hantavirus suele evolucionar rápidamente hacia cuadros respiratorios graves o insuficiencia renal. Además, presenta una tasa de mortalidad mucho mayor, que puede oscilar entre el 5 % y el 40 %, dependiendo de la variante.
Otra diferencia importante es que el COVID-19 cuenta actualmente con vacunas y tratamientos antivirales ampliamente disponibles, mientras que para el hantavirus no existe una vacuna universal aprobada ni un tratamiento específico.
Las autoridades sanitarias recalcaron que el riesgo para la población general continúa siendo bajo y pidieron evitar alarmismo o desinformación en redes sociales.






