Un siglo de historia del ineficiente servicio de agua en Machala Un siglo de historia del ineficiente servicio de agua en Machala
A partir del año 1.900, los machaleños se abastecieron de agua mediante la entrega del líquido por parte de ciudadanos que la transportaban en... Un siglo de historia del ineficiente servicio de agua en Machala

A partir del año 1.900, los machaleños se abastecieron de agua mediante la entrega del líquido por parte de ciudadanos que la transportaban en barriles de madera cargados por mulas. Medio siglo después se utilizaron tuberías de acero. En la actualidad se vende envasada en botellas plásticas. Han transcurrido 155 años y Machala, aún no tiene buen servicio de agua potable

Historia ignorada

Después del año 1.600 existió una gran movilidad del lecho del río Jubones, que desembocaba por esteros en la parte sur de la extensión geográfica de Machala. Para entonces la población llegaba a 408 habitantes y los mestizos, indios, blancos, pardos y hasta esclavos, bebían el agua dulce que surgía de varias vertientes.

El censo de Machala del año de 1.784 revela que la mano de obra estaba distribuida de la siguiente manera: 123 jornaleros, 35 agricultores chacareros, 3 carpinteros, 2 cigarreros, 2 sastres, 3 zapateros, 2 chingañeros, 7 plateros, 4 aguateros o aguadores, 1 alfarero, 1 orfebre, 2 tenderos, 75 hacendados propietarios, 2 curtiembres, 1 herrero.

Esa población consumía agua de naturales riachuelos que las transportaban y guardaban en ollas de barro con la cantidad necesaria para cubrir sus necesidades y consumirla.

Gestiones históricas

Machala, de por vida padeció de planes serios para abastecer de agua a la comunidad. Los archivos históricos relatan que el 22 de octubre de 1864 aprovechando la visita de su Excelencia el Presidente de la República doctor Gabriel García Moreno, en su primer mandato, los concejales José María Ugarte, Leandro Serrano, y Feliciano Rivera, lo invitaron a la sesión donde apoyó la urgentísima necesidad de traer agua potable a la población, como uno de los principales elementos para la vida.

García Moreno, se informó de los costos del proyecto y comprometió al Supremo Gobierno dar al concejo municipal la contribución necesaria para abrir y limpiar una parte del rio Jubones.

Las autoridades basaron su explicación en que un año antes, el 30 de mayo de 1863 un profesional en la materia y extraño en el medio el ingeniero Jhon Mc Gregor, presentó al concejo municipal una propuesta, la misma que había sido negada por que los hacendados no colaboraban al no permitir la apertura de caminos porque la maleza dificultaba el tránsito.

Veinticuatro años después, en 1.888, el concejo municipal recibió el pedido de varios ciudadanos como Wenceslao Ugarte, Miguel F. Córdova, Manuel Zarie, David Carpio, José León, José Ponce, el Párroco Eliceo Ojeda, Antonio Ortiz, Segundo Castro, siguen 100 firmas más, respaldando el proyecto de contrato entre el ingeniero Juan Bautista Dávila y el municipio para formar un canal abierto desde el Río Casacay hasta Machala.

La falta de colaboración de los terratenientes propietarios de las haciendas cacaoteras impidió que los habitantes de Machala, tengan acceso al agua dulce, mediante apertura de un canal, esta absurda posición influyó nuevamente que el concejo municipal inicie con los trabajos para entregar este vital servicio para la comunidad.

Tiempo de aguadores

Llegamos al año de 1.900 y el abastecimiento de agua salobre para la población se la hizo tomando el líquido de las vertientes o riachuelos provenientes del río Jubones que rodeaban Machala, entre ellos: el Macho, Pechiche, el Peine, el Tigre, la Envidia e incluso se cogía agua en los pozos que fueron abiertos en las intersecciones de las calles céntricas como en la calle Guayas, la Juan Montalvo, Junín, Tarqui.

La gente pobre también se abastecía de agua de lluvias, mientras que los pudientes compraban agua del rio que les era entregado por los “aguadores”.

El aguador o aguatero transportaba el líquido vital en dos toneles de madera de pechiche que se colocaban a los costados de un asno, mula o burro que se movilizaban por las lodosas y salitrosas calles, mientras el aguador caminaba descalzo portando un palo en forma de orqueta para sostener los barriles.

La caminata era cruel por las dificultades del terreno que transitaba. El aguador mientras recorría el camino bailaba sus ojos de un lado a otro para ver sus costados y evitar alguna sorpresa desagradable, silbaba.

Llegaba a las inmediaciones del Parque de la Libertad (Parque Juan Montalvo) e inmediatamente sus clientes lo cercaban para comprarle el líquido, caso contrario debía entregarla en las casas de familias pudientes.

Otro tipo de abastecedor de agua, que apareció tiempo después, fue aquel que portaba un tonel al hombro; y un tercero que utilizaba dos latas de 5 galones cada una ayudado de dos ganchos, las latas colgaban utilizando como soporte un palo horizontal sobre sus hombros.

Nombres

La historia recuerda nombres de hombres que con su robusta humanidad cumplieron este servicio básico de atender las necesidades de los machaleños.

Los más adultos aquellos que pasaban horas de horas sentado en las bancas del parque Juan Montalvo, recordaban al “aguador” Samuel Rodríguez, que se convirtió como el más expresivo protagonista porque dirigía su burro tomando la dirección de lo que es ahora la circunvalación norte en dirección al estero El Macho, tenía la costumbre de hablar solo, sus labios siempre expresaban la palabra “burro, burro, burro, burro”.

Otros aguadores muy conocidos en la antigua Machala, fueron N. Balladares, el flaco Alvarado, N. Valencia, otros, lastimosamente sus descendientes jamás contaron sus historias.

Los cargadores de agua existieron por generaciones y el lugar de abastecimiento varió.

El agua llega a Machala

El 31 de diciembre de 1937, es la fecha en que se inauguró el servicio de agua dulce entubada que llegó a Machala desde Casacay (Pasaje).

Ese año el país estaba gobernado por el dictador ingeniero Federico Páez, y de presidente del concejo municipal Don Rafael González Rubio.

El líquido entubado llegó a Machala, pero faltó instalar las redes domiciliarias, aún así el ferrocarril que venía todos los días desde la ciudad de Pasaje traía en sus bodegas cisternas de madera llenas del líquido haciendo la parada en la Estación Ferroviaria que se ubicó en las calles Bolívar y Juan Montalvo, hoy convertido en un garaje para vehículos livianos; en ese lugar los aguadores compraban el líquido y los llevaban para la reventa a sus clientes, en especial gente pudiente de la época.

Agua para porteños

Los pocos habitantes que tuvo Puerto Bolívar en 1906 solucionaron el abastecimiento de agua dulce aprovechando que el ferrocarril llegaba a la estación ubicada en el malecón con una plataforma cisterna que era llenada en el primer pozo artesiano abierto en el país que estuvo ubicado en la hacienda de Rodolfo González Rubio, por la vía a Pasaje.

En 1942 el gobierno de los Estados Unidos para compensar los daños perpetrados por los peruanos, desde Panamá envió a Puerto Bolívar la Misión Técnica Norteamericana con Mr. John Lasittewr como jefe de la misión con la finalidad de buscar soluciones a los problemas de salud, educación, y problemas sociales en Machala, Santa Rosa, Pasaje, Arenillas y más lugares donde los peruanos se afincaron y destruyeron por más de ocho meses y entre esos problemas preocupaba la falta de agua

En Puerto Bolívar, la Misión hizo instalación de agua utilizando tubería a base de cemento y asbesto que fueron traídas de Chile; arregló el malecón; construyeron un local para dispensario médico a cargo del doctor Felipe Ovalle, Charles Schandlher (laboratorista) y el doctor Pomerio Elías Cabrera León (Ayudante del Departamento Médico); la reconstrucción del Resguardo de Aduanas; reconstruyeron la vía carrozable a Machala.

El servicio

En diciembre de 1950 a pedido del alcalde Luis Ángel León Román, el Servicio Corporativo Interamericano de Salud Pública determinó que el agua que llegaba en las cisternas del ferrocarril no era de buena calidad, además que el municipio por cada viaje pagaba 38 sucres y a los porteños se le cobraba apenas dos reales por llenar cada barril, es decir trabajaban a pérdida.

En 1952 el cabildo planteó ante la empresa Anglo Ecuadorian Oilfield que amplíe una perforación de un pozo que aún está y queda debajo de la cisterna del actual Cuerpo de Bomberos de Puerto Bolívar. Desde ese lugar los aguateros conocidos en Puerto Bolívar, como «cabechita» Simanca y un ciudadano cuencano muy corpulento apodado «Chico» y su apellido fue Lima, utilizando dos latas sujetadas por un palo llevaban y vendían agua a domicilio a los porteños.

El julio de 1955 los tubos de cemento que instaló en el manglar desde Machala a Puerto Bolívar la Misión Técnica Norteamericana se dañaron porque los movimientos de las mareas de mar debilitaron las bases ocasionando la rotura de los tubos y la suspensión permanente del servicio, sin embargo se aprovechó en algo el servicio colocándose seis surtidores públicos donde la gente se abastecía de agua y apoyándose de un palo amarraba dos cabos y dos ganchos para cargar sobre sus espaldas dos latas usadas.

Hasta 1968 los machaleños y porteños se convirtieron en los aguadores o aguateros de sus familias. Una tradición que aún se la ve en los barrios periféricos de la ciudad de Machala.

Lo mismo

Ciento diez y nueve años ha transcurrido y persiste el problema de un buen servicio de abastecimiento de agua, pero potable. Se han hecho inversiones, pero la calidad del líquido no es el más recomendado.

Las autoridades responsables de dar este servicio en la capital bananera del mundo jamás beben agua de los grifos, todos prefieren para evitar problemas de salud, consumir la que viene envasada en botellas plásticas, que de paso es el mejor y más rentable negocio de la época en la provincia de El Oro.

Más de un siglo y los machaleños no recibimos este servicio, como debe ser.

Por: Alberto Chávez Cruz