El índice de riesgo país de Ecuador —medido por el Emerging Markets Bond Index Global (EMBI Global) de la firma J.P. Morgan y compilado por el Banco Central del Ecuador (BCE)— alcanzó 446 puntos básicos el 23 de enero de 2026, marcando su nivel más bajo en ocho años y consolidando una tendencia descendente que refleja una percepción más favorable de los mercados sobre la solvencia y estabilidad económica ecuatoriana.
El Ministerio de Economía y Finanzas interpretó este descenso como una señal de mayor estabilidad, apertura para la inversión y fortalecimiento de la confianza internacional, tras meses de políticas orientadas a apoyar la sostenibilidad fiscal y la gestión de la deuda pública.
El contexto histórico muestra que el riesgo país apenas había estado en niveles similares a principios de 2018. En enero de ese año, el índice se situó alrededor de los 430–440 puntos básicos, y luego experimentó un incremento sostenido durante años posteriores debido a presiones fiscales, incertidumbre económica y choques externos.
La tendencia reciente a la baja del indicador se ha vinculado —según analistas y autoridades económicas— al anuncio formulado el 16 de enero de 2026 por el Gobierno de Ecuador de lanzar una oferta para recomprar los bonos soberanos con vencimiento en 2030 y 2035 y de avanzar en una estrategia de deuda más manejable. La medida buscaba aliviar los vencimientos de deuda, mejorar los perfiles de pago y reforzar la confianza de inversionistas internacionales antes de posibles emisiones futuras en los mercados de capitales.
La caída acumulada del riesgo país ha sido notable desde que el presidente Daniel Noboa asumió funciones en noviembre de 2023: desde niveles superiores a los 1 900 puntos básicos entonces, el índice se redujo más de 1 400 puntos hasta ubicarse ahora en 446 unidades, lo que constituye una mejora sustancial en la percepción de los mercados sobre la capacidad de Ecuador para enfrentar sus compromisos financieros.
El riesgo país es un indicador clave para medir la percepción de riesgo en la deuda soberana de los países emergentes y refleja la probabilidad de que un país incumpla sus obligaciones de pago: cuanto más bajo es el indicador, menor es el riesgo percibido, lo que puede traducirse en costos de financiamiento más bajos y mayor acceso a mercados internacionales de deuda.
La rebaja de este indicador es observada de cerca por inversionistas, agencias calificadoras y autoridades económicas, pues puede influir en las condiciones de financiamiento externo tanto para el sector público como para el privado, e incide directamente en decisiones de inversión extranjera directa y en el costo de la deuda que asume el país para proyectos de infraestructura o programas de desarrollo.
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