La avenida Arízaga, una de las vías más emblemáticas del centro de Machala, provincia de El Oro, ya luce repleta de color y creatividad con la exposición de más de 3.000 monigotes colocados a ambos lados de la calle.
A pocos días de cerrar el año, el sector vuelve a convertirse en el punto de encuentro para familias, curiosos y compradores que buscan mantener viva una tradición que se resiste a desaparecer.
Durante estas jornadas, la Arízaga se transforma en un taller al aire libre. Cartón, pintura, engrudo y brochas dan forma a los muñecos que simbolizan el fin de un ciclo.
No se trata solo de comercio, sino de una manifestación cultural profundamente arraigada en el barrio y en la memoria colectiva de la ciudad, donde cada día se incrementa el comercio.
“La Arízaga no es cualquier calle”, comentan los vecinos. Desde hace décadas es conocida como la calle de los años viejos, donde los artesanos se instalan por semanas para fabricar y vender los monigotes.
Muchos de ellos crecieron entre moldes y pinceles, heredando el oficio de padres y abuelos. “Esto viene de generación en generación. Más que negocio, es tradición”, relata Roberto Solano, comerciante del sector, mientras acomoda cuidadosamente sus creaciones.
Asegura que en su familia el trabajo con monigotes se remonta a varias décadas y que el barrio 9 de Mayo siempre ha sido un referente en esta costumbre.
Los modelos no pasan desapercibidos. Personajes públicos, deportistas, caricaturas, superhéroes y figuras infantiles captan la atención de grandes y chicos. Este año, los capibaras, personajes virales y muñecos deportivos figuran entre los más solicitados.
También ganan espacio los llamados minimonigotes, versiones pequeñas ideales para motos, bicicletas y vehículos. Esta alternativa se ha vuelto popular entre quienes desean cumplir con la tradición de forma más práctica y económica.
En cuanto a los precios, hay opciones para todos los bolsillos. Los monigotes pequeños parten desde los 10 dólares, mientras que los de mayor tamaño o personalizados pueden superar los 40 dólares e incluso pasar de los 100, dependiendo del diseño y la complejidad.
Aunque los artesanos reconocen que las ventas aún se mantienen moderadas, confían en que la afluencia de compradores aumente conforme se acerque el 31 de diciembre, cuando la tradición de quemar el año viejo cobra mayor fuerza en los hogares machaleños.










