La guerra interna entre facciones de la banda criminal Los Lobos se ha convertido en uno de los factores que más ha elevado la violencia en la provincia de El Oro, transformando varias zonas en escenarios de confrontaciones que afectan a la población civil y generan inestabilidad social y económica.
Según información de inteligencia y reportes policiales, la división se consolidó a mediados de 2024 a raíz de un ataque ocurrido en Machala, cuando integrantes de uno de los grupos rompieron con la estructura original y se enfrentaron por el control territorial para actividades ilícitas como el tráfico de drogas, armas, explosivos y minería ilegal.
Este conflicto interno no solo implica rivalidades entre jefes criminales, sino que ha generado choques directos en espacios públicos, homicidios selectivos y ataques con artefactos explosivos en sectores residenciales y comerciales.
En el último año, distintos incidentes han evidenciado la gravedad de esta disputa:
El 30 de diciembre de 2025, uno de los líderes de una de las facciones fue asesinado en un parqueadero de un centro comercial en Machala, lo que marcó una escalada significativa de violencia.
El 16 de febrero de 2026, un vehículo que simulaba ser un patrullero policial ingresó a Puerto Bolívar, dejando cuatro muertos en un ataque que las autoridades vinculan a enfrentamientos entre grupos criminales por el control de rutas estratégicas.
En la madrugada del 25 de febrero de 2026, explosiones con artefactos detonados dentro de viviendas destruyeron propiedades en barrios de Machala y dejaron varios heridos, extendiendo el temor entre las familias de la zona.
La provincia de El Oro —debido a su **puerto marítimo con salidas hacia Europa, su frontera con Perú y la proximidad a zonas mineras clave como Ponce Enríquez— representa un territorio estratégico para el tráfico internacional de drogas, así como otros negocios ilícitos que atraen a distintas bandas.
La particularidad de esta guerra criminal es que muchos de los bandos enfrentados fueron aliados en el pasado, lo que complica la dinámica de violencia: conocen rutas, contactos, horarios, direcciones y hasta familiares, lo que multiplica la peligrosidad de los enfrentamientos y convierte la disputa en una especie de “cacería interna” entre excompañeros.
Este fenómeno se enmarca en un contexto más amplio de violencia en Ecuador, donde las bandas criminales han aumentado su impacto, llevando al Gobierno a enfrentar una crisis de seguridad con medidas excepcionales y declaratorias de conflicto interno debido a la violencia narco-criminal.










