La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) llegó este jueves a Rukullacta, en el cantón Archidona, provincia de Napo, para instalar su consejo ampliado. El sonido del caracol marcó el inicio de la jornada y la guardia indígena acompañó el ingreso de alrededor de 300 delegados provenientes de la Sierra, Costa y Amazonía.
Sin embargo, lo que empezó como un encuentro para analizar temas clave terminó revelando una problemática mayor: la falta de cohesión interna. Aunque la convocatoria estaba dirigida a 53 organizaciones, únicamente 19 asistieron.
Tras el registro oficial, y al confirmarse la ausencia de la mayoría, se solicitó que solo permanecieran los representantes acreditados. En ese momento se abrieron intervenciones que dejaron al descubierto las tensiones dentro del movimiento.
Uno de los pronunciamientos más directos fue el de Rumiñahui Cachimuel, de la Federación Indígena Campesina de Imbabura (FICI), quien señaló que la escasa asistencia evidencia fallas en la convocatoria o en la comunicación interna.
Por su parte, la organización Pakiru, de Pastaza, fue más crítica y cuestionó a la dirigencia nacional por su rol durante el paro de octubre. Afirmaron que algunos líderes promovieron la protesta pero no participaron activamente, mencionando de forma directa a Marlon Vargas, presidente de la Conaie. Vargas respondió asegurando que sí estuvo presente, aunque el intercambio dejó ver el desgaste organizativo.
Frente a la falta de quórum y el ambiente de tensión, la dirigencia tomó una resolución. “Lo más sensato ha sido suspender y comunicar una nueva fecha para que, en la asamblea anual, podamos informar la parte económica, administrativa y la agenda anual”, indicó Ercilia Castañeda, vicepresidenta de la Conaie.
La reunión será retomada en enero de 2026. Al cierre de la jornada, Marlon Vargas no brindó declaraciones, en un día que, más que acuerdos, dejó al descubierto las divisiones internas de la organización indígena más representativa del país.











