Ximena está casada, tiene un hijo de 13 años y percibe $1.200 mensuales como analista financiera en una inmobiliaria. Su esposo, tras perder su empleo como contador en 2020, trabaja actualmente repartiendo víveres para una cadena de supermercados y gana alrededor de $600 al mes. En conjunto, el hogar recibe cerca de $1.800 mensuales, un ingreso que, aunque supera el costo de la canasta básica familiar ($819,01, según el INEC), apenas alcanza para cubrir gastos y deudas.
“Nos ajustamos, pagamos las tarjetas y a veces salimos en contra”, resume Ximena, una manabita radicada en Guayaquil desde su adolescencia. La pareja pidió mantener su identidad en reserva debido a la percepción de inseguridad, pese a no considerarse de altos ingresos.
La familia vive en un departamento de tres habitaciones en el sector de Miraflores. Sus únicos bienes son dos autos adquiridos hace más de una década. El ahorro ha sido imposible: enfermedades catastróficas que afectaron a su madre y abuela, periodos de desempleo y, recientemente, un crédito de $5.000 para un tratamiento médico de su hijo han mermado su economía.
A estos gastos se suman erogaciones mensuales que, aunque parecen menores, impactan el presupuesto: $40 por la academia de fútbol del niño, $20 para gimnasio, $3 diarios para café, $40 bimensuales para tinturado de cabello y $20 semanales para manicura y pedicura. “Estamos apretados. Siempre hay gastos extras que no nos dejan ahorrar”, reconoce.
¿Quiénes integran realmente la clase media?
Aunque Ximena se considera parte de la clase media, los expertos cuestionan esa clasificación. Para José Gabriel Castillo, Ph. D. y profesor de la Espol, la clase media es un concepto aspiracional, más que estadístico, y extremadamente sensible a la desigualdad.
El INEC no establece una definición formal de clase media, pero sí reporta ingresos per cápita por hogar. A partir de esos datos, el analista Alberto Acosta distingue tres grandes estratos: bajo, medio y alto. En el estrato medio se ubican hogares con ingresos suficientes para cubrir la canasta básica, pero sin capacidad real de ahorro y altamente dependientes del empleo formal.
Otra forma de medición es a través de los quintiles de ingresos, explica el analista Jorge Calderón. Según los últimos datos disponibles (2024), el tercer quintil, que podría asociarse a la clase media, registra un ingreso promedio de $144,26 por persona, lo que en una familia de cuatro integrantes suma apenas $577,04 mensuales, una cifra que apenas supera el salario básico.
“Nadie que gane apenas por encima del salario básico se siente clase media”, advierte Calderón.
El estándar del Banco Mundial
El Banco Mundial, en su informe sobre pobreza en América Latina y el Caribe, define como clase vulnerable a quienes ganan entre $8,30 y $17 diarios por persona, y como clase media a quienes perciben más de $17 diarios, es decir, más de $527 mensuales por persona.
Bajo ese criterio, una familia de cuatro integrantes necesitaría al menos $2.100 mensuales para ubicarse con mayor seguridad dentro de la clase media, una cifra que muchos hogares no alcanzan.
Luisa, otra manabita de 50 años, ingresa cerca de $1.800 mensuales junto a su esposo. Sin embargo, los gastos universitarios de su hija —$600 en pensiones, $300 en arriendo y $3.000 en tesis— la han llevado a endeudarse. “Somos clase media, pero no tenemos casa ni carro. Todo se ha ido en educar a nuestros hijos”, afirma.
Un crecimiento estancado y alta vulnerabilidad
Según el informe del Banco Mundial 2025, apenas el 38,6 % de la población ecuatoriana integra las clases media y alta. En contraste, un 28,8 % se encuentra en situación de vulnerabilidad y un 32,6 % vive en pobreza o pobreza extrema.
Aunque el INEC reporta una reducción de la pobreza al 29,7 % en diciembre pasado, los expertos coinciden en que esta mejora está ligada a la recuperación y formalización del empleo, más que a una transformación estructural.
Para Castillo, el ingreso promedio por hogar, que alcanzó los $877,33, no refleja la fragilidad real de las familias. “Una crisis leve, un desastre natural o una enfermedad pueden devolver a miles de hogares a la pobreza”, advierte.
Sin cambios sostenidos que fortalezcan los ingresos, el empleo de calidad y la capacidad de ahorro, la llamada clase media ecuatoriana seguirá siendo, en la práctica, una clase vulnerable con ingresos insuficientes para garantizar estabilidad económica.
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