Estudio revela que el 90 % de muestras de ríos en Napo evidencian toxicidad

Una investigación científica de la Universidad Regional Amazónica Ikiam identificó niveles alarmantes de contaminación en los ríos Chucapi, Chimbiyaku, Yutzupino, Tuyano y Huambuno de la provincia amazónica de Napo, donde cerca del 90 % de las muestras analizadas mostraron toxicidad que supera los límites aceptables para la preservación de la vida acuática y silvestre.

El estudio, divulgado este domingo, señala que los parámetros físicos, químicos y de metales pesados como cobre, hierro, plomo, aluminio y manganeso exceden las normas ambientales, implicando un riesgo grave para los ecosistemas acuáticos. Esta contaminación tiene efectos negativos sobre fauna, flora y, potencialmente, sobre las comunidades humanas que dependen de estas fuentes de agua.

Los científicos que lideraron el análisis relacionan la degradación de la calidad del agua con actividades mineras en la región, especialmente la extracción irregular de minerales, que genera remoción de sedimentos, liberación de metales pesados y alteración de cauces naturales. Estas alteraciones, además de contaminar, han acelerado la deforestación en zonas protegidas y comprometido la estabilidad de los bosques nativos.

El problema ha tomado tal magnitud que el Gobierno ecuatoriano suspendió todas las actividades mineras en la provincia de Napo a principios de febrero de 2026, medida orientada a frenar el daño ambiental y proteger las fuentes de agua. Esta decisión también contempla restricciones a operaciones mineras en otras provincias afectadas por el mismo fenómeno.

Organizaciones ambientales y comunitarias han señalado que el impacto no solo se limita al agua, sino que también afecta la biodiversidad y la salud de poblaciones locales, en especial comunidades indígenas y rurales que consumen agua de ríos afectados o dependen de ellos para sus actividades cotidianas. Estudios independientes han documentado casos de deterioro de calidad del agua en afluentes como el Ishkayacu y Puní, donde la presencia de sedimentos y restos de maquinaria ha transformado visualmente las aguas y generado preocupación entre los habitantes.

Especialistas advierten que, aunque la suspensión de la minería es un paso crucial, la recuperación de la calidad del agua puede requerir años de monitoreo, remediación y regulación más estricta de actividades extractivas, además de programas de restauración ecológica para recuperar la funcionalidad de los ríos y su biodiversidad.

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