La provincia de El Oro atraviesa una de sus peores crisis de seguridad. Al menos 72 ataques con explosivos se han registrado entre enero y marzo de 2026, dejando a su paso destrucción, miedo y desplazamiento de familias.
La ciudad más golpeada es Machala, donde se concentra el 78 % de los atentados (56 casos), convirtiéndose en el principal epicentro de esta ola de violencia.
Un recorrido por el centro de la ciudad evidencia la magnitud del impacto: casas con paredes agrietadas, techos colapsados, puertas arrancadas y negocios reducidos a escombros tras las explosiones.
Detrás de estos ataques estarían grupos delictivos organizados, que utilizan explosivos como mecanismo de intimidación, extorsión y disputa territorial. En muchos casos, las detonaciones son precedidas por amenazas o panfletos dirigidos a las víctimas.
Según la Policía Nacional, gran parte de los artefactos utilizados provienen de explosivos de uso minero, cuyo acceso ilegal se ha facilitado por el crecimiento de la minería clandestina y redes de tráfico de insumos.
Las autoridades han logrado incautaciones importantes en la provincia, incluyendo cientos de cilindros de pentolita y miles de metros de mecha lenta, lo que evidencia la magnitud del problema.
El impacto no solo es material. El miedo se ha instalado en la población: comerciantes evitan denunciar, familias abandonan sus hogares y barrios enteros viven bajo constante amenaza.
Este escenario confirma el deterioro de la seguridad en El Oro, una provincia que se ha convertido en uno de los puntos críticos dentro de la crisis de violencia que atraviesa Ecuador.











