La presencia de la bacteria Ralstonia solanacearum, conocida como moko, se ha extendido a 185 fincas bananeras de la provincia de El Oro, encendiendo las alertas entre autoridades y productores del principal rubro económico del territorio. La información fue confirmada por Javier Lupú, director de Desarrollo Productivo de la Prefectura, quien advirtió sobre el impacto que esta enfermedad puede generar en el empleo y la economía local.
Lupú detalló que El Oro cuenta con alrededor de 3.800 productores y unas 54.000 hectáreas sembradas de banano. De esta actividad dependen de manera directa cerca de 35.000 trabajadores, mientras que más de 100.000 personas lo hacen de forma indirecta. “Cualquier amenaza al cultivo no solo golpea al productor, sino a miles de familias que viven del banano”, señaló el funcionario.
De acuerdo con la Prefectura, el moko fue detectado por primera vez en el cantón Arenillas en 2019 y desde entonces se ha ido propagando hacia otras zonas de la provincia. Actualmente, 185 fincas registran afectación, una expansión que estaría relacionada con el traslado constante de cuadrillas entre plantaciones y la falta de controles rigurosos de bioseguridad en herramientas, vestimenta y calzado.
Las autoridades provinciales insistieron en la necesidad de reforzar las medidas sanitarias y la coordinación con los productores para contener la propagación de la bacteria, considerada una de las principales amenazas fitosanitarias para el sector bananero ecuatoriano.
¿Qué es la Ralstonia solanacearum?
La Ralstonia solanacearum es una bacteria fitopatógena que afecta a varios cultivos agrícolas y provoca una enfermedad conocida como moko en el banano y plátano.
Esta bacteria invade el sistema vascular de la planta, bloqueando el paso del agua y nutrientes. Como consecuencia, las plantas se marchitan, amarillean y finalmente mueren. En el caso del banano, el daño es severo porque no tiene cura y obliga a eliminar las plantas infectadas para evitar su propagación.
El contagio ocurre principalmente por herramientas contaminadas, agua, suelo, calzado o el traslado de trabajadores entre fincas, lo que facilita su rápida expansión si no se aplican medidas de bioseguridad.
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