Ecuador enfrenta una nueva alerta en su sistema energético debido a la caída en la producción de las hidroeléctricas Coca Codo Sinclair y Mazar, provocada por la disminución de lluvias en varias regiones del país.
Según reportes oficiales, el caudal que alimenta a Coca Codo Sinclair —la principal central hidroeléctrica del país— ha disminuido de forma significativa. Mientras normalmente alcanza los 900 metros cúbicos por segundo, actualmente registra apenas 118 m³/s, lo que limita su capacidad operativa.
Esta reducción ha provocado que la central solo pueda cubrir cerca del 20 % de la demanda nacional de electricidad, muy por debajo de su potencial habitual.
La situación también afecta al embalse de Mazar, parte del complejo Paute, donde la falta de lluvias ha reducido los niveles de agua, comprometiendo la generación eléctrica en una zona clave que aporta una parte importante del suministro energético del país.
Especialistas advierten que esta combinación de factores —menor caudal, alta demanda y dependencia del sistema hidroeléctrico— agrava el riesgo de una crisis energética, especialmente en temporadas secas o con variabilidad climática.
Ecuador depende en gran medida de la energía hidroeléctrica, siendo Coca Codo Sinclair uno de los pilares del sistema, con capacidad instalada de hasta 1.500 megavatios, lo que la convierte en la central más importante del país.
Además, el contexto se complica por la limitada disponibilidad de fuentes alternativas y las dificultades para importar electricidad, lo que reduce el margen de maniobra ante caídas en la generación interna.
Las autoridades se mantienen en monitoreo constante de los niveles de los embalses y las condiciones climáticas, mientras evalúan medidas para garantizar el suministro eléctrico y evitar posibles racionamientos.
El escenario refleja la vulnerabilidad del sistema energético ecuatoriano frente a factores climáticos, en un contexto donde la diversificación de fuentes se vuelve cada vez más urgente.