Ecuador aparece entre los países que han mostrado interés en recibir parte de los hipopótamos que pertenecieron al narcotraficante Pablo Escobar, cuya población se ha convertido en un problema ambiental en Colombia.
Estos animales, introducidos en la década de 1980 en la Hacienda Nápoles, se han reproducido sin control hasta alcanzar cerca de 200 ejemplares, generando un fuerte impacto en los ecosistemas locales.
Ante esta situación, el Gobierno colombiano ha buscado alternativas como la reubicación internacional, contactando a varios países. Entre los interesados figuran India, México, Filipinas, Perú, Bolivia y Ecuador, además de otros centros de rescate en diferentes partes del mundo.
Sin embargo, pese a este interés, ningún traslado se ha concretado debido a múltiples obstáculos legales, sanitarios y logísticos, como las estrictas normas internacionales para el manejo de fauna silvestre.
Incluso, en medio de la falta de soluciones efectivas, Colombia anunció recientemente un plan que contempla la eutanasia de al menos 80 hipopótamos como medida para frenar su crecimiento descontrolado.
El problema radica en que estos animales, considerados una especie invasora, afectan la biodiversidad, contaminan fuentes de agua y ponen en riesgo a comunidades cercanas.
En el caso de Ecuador, aunque ha existido interés en algún momento, las autoridades han sido cautelosas debido a las implicaciones ambientales y legales que implicaría introducir esta especie en el país.
Este escenario evidencia un dilema internacional: proteger el bienestar de los animales o tomar medidas drásticas para evitar un mayor daño ecológico, mientras los “hipopótamos de Escobar” siguen expandiéndose en territorio colombiano.






