La reciente escalada de tensiones económicas y comerciales entre Ecuador y Colombia ha colocado a Ecuador en una posición potencialmente vulnerable, con especialistas y analistas advirtiendo que el país podría enfrentar pérdidas significativas en tres frentes clave si continúa la llamada guerra arancelaria entre los dos vecinos andinos.
La situación se desencadenó cuando el gobierno de Ecuador, bajo el mandato del presidente Daniel Noboa, anunció la imposición de un arancel del 30 % a las importaciones provenientes de Colombia a partir del 1 de febrero de 2026, como respuesta a lo que Quito considera una falta de cooperación por parte de Bogotá en temas de seguridad fronteriza y lucha contra el narcotráfico.
Aranceles encarecen productos de consumo
El primer impacto negativo señalado por economistas sería el encarecimiento de productos colombianos de consumo diario dentro del mercado ecuatoriano. Entre estos figuran café, pañales, repuestos para vehículos, productos de higiene femenina, insecticidas y otros bienes que los consumidores ecuatorianos adquieren regularmente. Además, los aranceles recíprocos impuestos por Colombia a productos ecuatorianos agravan la presión sobre exportadores locales.
Dependencia energética
El segundo frente de riesgo se centra en el suministro de energía eléctrica desde Colombia, que ha sido suspendido como represalia a las medidas arancelarias ecuatorianas. Aunque la crisis energética interna en Ecuador ha mostrado cierta mejoría por lluvias recientes que elevaron la producción de hidroeléctricas como Coca Codo Sinclair, analistas advierten que esa dependencia podría resurdir en momentos de sequía, obligando a Ecuador a buscar fuentes de energía alternativas a mayor costo.
Transporte de crudo
Un tercer frente de vulnerabilidad apunta al sector petrolero. Colombia analiza alternativas para transportar su crudo fuera de Ecuador, lo que podría afectar los ingresos por tránsito de hidrocarburos y la actividad logística en el corredor de exportación de crudo pesado que transita por territorio ecuatoriano. Aunque esta tercera dimensión está aún en análisis —con propuestas de modificaciones en tarifas de transporte— expertos subrayan que cualquier cambio en la infraestructura del Oleoducto de Crudos Pesados (OCP) podría tener efectos negativos en la economía ecuatoriana.
Reacciones y advertencias
Además de las consecuencias directas del comercio y energía, sector empresarial y expertos advierten sobre otros riesgos, como el posible recurso ante la Comunidad Andina (CAN) por supuestas violaciones al marco jurídico comercial regional, lo que podría profundizar la disputa y afectar aún más las relaciones económicas entre ambos países.
Un exministro de Comercio de Ecuador también ha señalado que en una guerra comercial no hay ganadores reales, y que, si bien ambos países enfrentarían pérdidas, existe la percepción de que Ecuador podría perder más, especialmente en términos de repercusiones en el consumidor final y la cadena de suministro nacional.
Las medidas de represalia comercial han generado preocupación en el sector productivo y político de ambos lados de la frontera, al tiempo que diversas voces instan a retomar el diálogo diplomático y comercial para evitar una escalada que impacte negativamente a las economías, los mercados y la estabilidad regional.
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